Ana y yo nos conocimos en el trabajo. De hecho, nos conocimos en la cafetería. Ana había trabajado anteriormente en nuestra oficina y descubrí que teníamos amigos en común que también eran nuestros compañeros de trabajo. Almorzamos juntas seguido. Nos sentamos, hablamos y nos conocimos. Resultó ser que Ana vivía a solo unos kilómetros de distancia de mi casa y que yo conocía a la familia de su esposo. Nuestros hijos estaban en la misma escuela, ¡dos de ellos fueron incluso novios en algún momento! Ese mismo año, el esposo de Ana resultó ser el entrenador del equipo de béisbol infantil de mi hija adoptiva. Yo diría que hemos sido más amigas que compañeras de trabajo.

Recuerdo que un día, Ana y yo estábamos conversando, y ella mencionó que había encontrado un bulto en su pecho. Estaba preocupada, lo cual es totalmente normal. Siempre nos dicen que busquemos consejo médico y no nos preocupemos, pero para una mujer, es más fácil decirlo que hacerlo.

Ana comenzó sus exámenes médicos y esperaba los resultados. Todavía recuerdo el día en que ella vino y nos lo contó. Tenía cáncer de mama. Ana sabía que sería un camino largo, y no solo estaba preocupada por su salud, sino también por el bienestar de su familia. Sé que, si estuviera en su lugar, querría disminuir mis preocupaciones. Tener que preocuparse por su salud, y también de sus finanzas, es demasiado para cualquier persona. Entonces, me quedé dándole vueltas al asunto.

A medida que pasaron las semanas, la situación simplemente me consumió. ¿Qué puedo hacer para ayudar a Ana? Fui a su casa y le pregunté a ella y a su esposo si estaría bien que organizara un evento de recaudación de fondos para ella. Ella lo agradeció, y así comenzó el trayecto. Mis compañeros de trabajo y yo nos ocupamos del resto.

Conseguí un buen sitio y la persona que se encargaría de la comida, comenzamos a pedir donaciones, mandamos a hacer las pancartas con la fecha del evento, diseñamos una camiseta y comenzamos a venderlas. Conseguí un subastador y empezamos a involucrar a más personas. Para el día del evento, teníamos la estufa repleta de asado, mesas llenas de regalos, todo estaba listo y esperábamos que la gente llegara para demostrarle a Ana su apoyo. Se abrieron las puertas del lugar y las personas que la quieren y apoyan vinieron, comieron y participaron en la memorable subasta que terminó siendo un evento exitoso.

De esta amarga experiencia, surgieron varias cosas. Me he hecho de una gran amiga, alguien con quien pudiera viajar y con quien puedo observar su proceso de sanación. El cáncer no solo afecta tu vida en ese momento, sino que hay muchos efectos posteriores, y Ana ha experimentado muchos de los efectos secundarios. Apoyé a Ana, no solo a través de su proceso médico, sino a través de todos los otros obstáculos que surgieron. Y todavía, hoy en día la apoyo en lo que necesite.

De esta experiencia también aprendí sobre la importancia de las autoexploraciones, aunque sea menor de 40 años. He hecho todo lo posible para hacérmelos mensualmente.

Dio la casualidad de que hace varios años, también sentí un bulto en mi pecho. Y adivina a quién fue la primera persona que le escribí.

Esta vez, las cartas habían cambiado. Ella me estaba apoyando en este proceso alentándome y diciéndome que todo iba a estar bien. Enfatizaba que lo había encontrado a tiempo y que debería hacer una cita a primera hora de la mañana del lunes.

Hice todo lo que me recomendó, aunque seguí preocupada y, como mencioné anteriormente, esto es normal y algo que una mujer no puede dejar de hacer. Al menos, yo no. Ana estuvo en comunicación conmigo durante todo el proceso y se aseguró de que yo estuviera bien y quería saber los resultados.

Resultó ser que, afortunadamente, mi bulto era un lipoma no canceroso. Ahora sé lo que debo buscar cuando me autoexamino y, gracias a haber compartido con Ana esa etapa de su vida, no solo me preparó para todos mis próximos pasos, sino que tenía a alguien que había pasado por ese proceso y que podía entender cualquiera de mis preocupaciones.

¡A veces una experiencia tan negativa tiene resultados maravillosos! En este caso, me hice de una gran amiga, que no solo es una luchadora, es una sobreviviente.

Gracias, Ana, por compartir tu experiencia conmigo.

Presentado por: Shari Axley

Anonymous