Inhala y exhala. Parece simple, ¿verdad? Es algo que hacemos todos los días, cada minuto de nuestra vida. Nos relaja, nos despierta y, lo más importante, nos mantiene vivos.

Los pulmones son parte del sistema respiratorio, compuesto de órganos y tejidos que trabajan juntos para ayudarnos a respirar, afirma American Lung Association (asociación estadounidense del pulmón, ALA, en inglés). ¿Su trabajo principal? Transportar aire fresco y oxígeno al cuerpo mientras se eliminan los gases residuales.

Un poco de vocabulario técnico: Para sobrevivir, cada célula del cuerpo necesita oxígeno. El aire que nos rodea contiene oxígeno, entre otros gases. Mientras respiramos, tomamos aire y el oxígeno se traslada al torrente sanguíneo y se transporta por todo el cuerpo. La sangre transporta el oxígeno que toca cada célula del cuerpo. A medida que interactúa con las células, el oxígeno se intercambia por el gas residual del dióxido de carbono. Luego, la sangre transporta el gas residual a los pulmones, donde se elimina del flujo sanguíneo y se exhala.

Este intercambio de gases ocurre automáticamente y es un proceso vital para el cuerpo.

¡Pero eso no es todo! El sistema respiratorio tiene otros roles importantes para la respiración, que incluyen:

  • calentar o enfriar el aire para una temperatura corporal adecuada, e hidratarlo al nivel de humedad adecuada;
  • proteger el cuerpo de sustancias dañinas al toser, estornudar, filtrar o tragar;
  • mantener el sentido del olfato.

Cómo funcionan las partes del sistema respiratorio

Hay muchas partes en el sistema respiratorio. American Lung Association los enumera de la siguiente manera:

  • Senos: Estos son los espacios huecos en los huesos de la cabeza, arriba y debajo de los ojos que están conectados a la nariz por pequeñas aberturas. Ayudan a regular la temperatura y la humedad del aire que se inhala.
  • Nariz: Esta es la entrada preferida para el aire exterior en el sistema respiratorio. El vello nasal que recubren el interior de la nariz es parte del sistema de limpieza de aire.
  • Boca: El aire también ingresa por la boca, especialmente para aquellos que tengan la nariz tapada debido a un resfriado o alergias.
  • Garganta: Es el canal a través del cual se recoge el aire de la nariz y la boca, y se transmite a la tráquea.
  • Tráquea: Este es el pasaje que va desde la garganta hasta los pulmones.
  • Tubos bronquiales: La tráquea se divide en los dos tubos bronquiales principales que conducen a cada pulmón, que se dividen nuevamente en cada lóbulo de los pulmones. Estos continúan dividiéndose en bronquiolos.

Además, hay una variedad de vasos sanguíneos que ayudan a que los pulmones funcionen correctamente.

  • Lóbulos: El pulmón derecho se divide en tres lóbulos, o secciones, mientras que el pulmón izquierdo se divide en dos lóbulos. Cada lóbulo es como un globo y está lleno de tejido esponjoso, detalla el sitio web de American Lung Association. El aire se mueve hacia dentro y hacia afuera a través de una abertura, que es una rama del tubo bronquial.
  • Pleura: Son dos membranas que rodean cada lóbulo de los pulmones y separan los pulmones de la pared del tórax.
  • Cilios: Estos cabellos muy pequeños que recubren los tubos bronquiales se mueven como ondas. El movimiento lleva la mucosidad hacia arriba y hacia la garganta donde puede desecharse, ya sea por tos o por ingestión. La mucosidad recoge gran parte del polvo, los gérmenes y otras materias que invaden los pulmones. El cuerpo se libera de estos al toser, estornudar, aclarar la garganta o tragar.
  • Bronquiolos: las ramas más pequeñas de los bronquios son los bronquiolos. Los alvéolos se encuentran al final de los bronquiolos y es a donde el aire inhalado va.

Por último, tienes músculos y huesos que también ayudan a tu sistema respiratorio.

  • Diafragma: Es una pared muscular fuerte que separa la cavidad torácica de la cavidad abdominal. Cuando respiras, se mueve hacia abajo, creando succión en el pecho, aspirando aire y expandiendo los pulmones.
  • Costillas: Las costillas son los huesos que sostienen y protegen la cavidad torácica. Para que los pulmones se expandan y contraigan, estos huesos se mueven levemente.

Se sabe que a medida que uno envejece, los pulmones pierden capacidad. Por ello, es importante priorizar la salud pulmonar. A continuación, algunos consejos para mantener, con el paso del tiempo, los pulmones sanos y en forma:

  • No fumes: Se ha dicho una y otra vez: El humo del cigarrillo es la causa principal del cáncer de pulmón y de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC, en inglés), incluidas la bronquitis crónica y el enfisema. El humo del cigarro causa inflamación crónica o hinchazón en el pulmón, lo que lleva a la bronquitis crónica. Con el tiempo, el humo destruye el tejido pulmonar e incluso puede provocar cáncer. Nunca es tarde para dejar de fumar.
  • Evita la exposición a contaminantes: Los contaminantes pueden causar o empeorar las enfermedades pulmonares, entre ellos, se incluyen la contaminación del aire exterior, los productos químicos utilizados en el hogar o en el lugar de trabajo y el radón. Intenta que tu casa y tu automóvil sean espacios libre de humo de cigarro. Evita hacer ejercicio al aire libre en días con mala calidad del aire. Pon a prueba tu casa para detectar el radón.
  • Prevén enfermedades e infecciones: A nadie le gusta enfermarse. Toma las precauciones adecuadas como lo harías normalmente para protegerte de resfriados u otras infecciones respiratorias.
  • Lávate las manos con agua y jabón. Si no tienes acceso a un fregadero, usa antibacteriales a base de alcohol como sustituto.
  • Vacúnate contra la gripe. Consulta al médico para que te informe si la vacuna contra la neumonía es adecuada para ti.
  • Si te enfermas, ¡quédate en casa! Así, ayudas a proteger a las personas que te rodean manteniendo distancia.
  • Con una buena higiene bucal puedes evitar que los gérmenes en la boca se conviertan en infecciones. ¡Cepíllate los dientes, al menos dos veces al día!
  • ¡Hazte chequeos regulares! Aunque, si no estés enfermo, los chequeos anuales de bienestar regulares pueden ayudar a prevenir enfermedades graves. Esto es vital para la enfermedad pulmonar que generalmente no se detecta hasta que surgen síntomas graves. Durante los chequeos, los médicos o profesionales de la salud escucharán tus pulmones y tu respiración, y atenderán cualquier inquietud que puedas tener.
  • Ejercítate: Hacer ejercicio es bueno para la salud general. El ejercicio ayuda a mejorar la capacidad pulmonar y los ejercicios de respiración también son beneficiosos para mejorar los estados de ánimo y ayudar a la relajación.

¿Tienes alguna pregunta sobre tus pulmones o chequeos? Si tienes, envíanos un comentario.

Anonymous